Los que abandonan

Una de las frases más manidas cuando te informas sobre los blogs de escritores es que llevar uno es como correr una maratón. Igual que en la carrera, es mucho más importante mantenerse a lo largo de todo el recorrido que salir a toda velocidad para luego parar por el cansancio. Parece una tontería, pero es la pura verdad.

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Pero en todas las maratones, en TODAS, hay gente que abandona. Si todos los corredores que empiezan una carrera tan dura llegasen a la meta, entonces no tendría ningún mérito. Los que aguantan, los que se mantienen, los que llegan. Esos son los que la gente recuerda y a los que anima o idolatra. Pero los que abandonan también son necesarios. Sin los que se quedan por el camino, sin los agotados, los que llegan a la meta no parecerían tan resistentes.

Y hay que saber cuándo hay que abandonar una maratón.

Mientras corría esta carrera (ya en las últimas posiciones, lo sé), han pasado dos cosas que me han llevado a tomar esta decisión:

  1. Llegan cambios familiares y laborales. Cambios importantes que absorberán gran parte del tiempo que dedicaba a escribir.
  2. La presión de mantener el ritmo estaba convirtiendo al acto de escribir en una fuente de angustia. Y eso no podía permitirlo. Prefiero no vivir de escribir pero seguir disfrutando de ello que al revés.

No dejaré de escribir. Eso no podría hacerlo jamás. Cuando tenga una buena idea sentiré la necesidad de escribirla. Y lo haré. Y me seguiré presentando a concursos (dentro de poco podréis leer uno de mis relatos en una compilación). Y seguiré actualizando el blog. Pero lo haré todo a mi ritmo, simplemente como un hobby. Estoy seguro de que con ello ganaré en frescura mental.

Podría no haber escrito nada aquí y simplemente dejar al blog morir. Pero prefiero dejar estas palabras por aquí. Sé que me ayudarán a quitarme el peso de los hombros. Es como el corredor de maratón que sigue andando, creyendo que tarde o temprano tendrá energías suficientes para volver a correr y acabar la carrera. Yo prefiero ser el que se sienta y acepta que algunas cosas no están hechas para él.

Es un pensamiento duro de aceptar, pero no todo el mundo puede acabar una maratón.

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Empezar el nuevo curso… con buenas noticias

Ya ha empezado el nuevo curso… y eso significa que ya hace demasiado del último post. Tres meses y tres días, para ser exactos. Demasiado tiempo, para ser sincero.

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Así que volvemos a retomar la publicación habitual (muy útil ha sido también este post de Jaume Vicent sobre cómo retomar el blog después del verano) del blog. Seguirán las reseñas, los relatitos, las tonterías… En fin, todo lo que he estado haciendo con el blog desde que nació.

Y, antes que nada, las buenas noticias. ¿Buenas noticias? No. ¡Las mejores noticias! Mi relato “El final de todo” ha sido seleccionado como uno de los cuatro ganadores del concurso No hay brujas buenas, de Ronin Literario (aquí tenéis el enlace, por si, como yo, aún no os lo creéis).

¿Eso qué significa? Después de algunos concursos a los que me presenté con mucha ilusión y en los que no rasqué nada, este resultado es un subidón de moral impresionante. Además, será la primera vez que cobraré dinero por algo que he escrito. Aunque al final sean cuatro duros, eso convierte a “El final de todo” en el relato más importante que he escrito hasta ahora.

Ahora sólo queda esperar a que se publique el libro y podáis leerlo todos. Lo estoy deseando.

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Los ojos del robot

Juan se frotó los ojos doloridos. Aunque aún no lo sabía, era la última vez que lo iba a hacer.

El sistema se iluminó. Todas las luces de alarma se encendieron. Los robots que estaban por la zona se acercaron rápidamente. Sabían que a Juan no le quedaba mucho tiempo.

–Padre, ¿estás bien?

Juan había aguantado todo lo que había podido. Hacía años que sabía que este momento llegaría, pero eso no lo hacía más fácil.

-Sí, hijos. Estoy bien. No os preocupéis.

Podía sentir cómo los sensores de los robots le analizaban de arriba abajo. Ya no podía engañarles más. Una vez fue un joven programador que les convenció de que él era el padre de todos. Fue lo único que se le ocurrió hacer para sobrevivir al holocausto robot.

Ahora era un viejo a punto de morir. Y sus hijos no iban a permitirlo.

Cuando despertó a la mañana siguiente, ya habían empezado a cambiarle.

Por primera vez en años, sus ojos no le dolían. Eran robóticos.

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Siempre vuelve

[Este relato lo envié a la convocatoria que realizó la revista Windumanoth para su primer número. Sabía de sobra que no iba a ser escogido, pero no tenía tiempo y era la que creía que más podía encajar. A ver si para el segundo número hay más suerte.]

No quiero mentir. Podría quedar bien y decir que volvería a hacer lo mismo si pudiera volver atrás. Pero sería una mentira. Y, cuando una está tan cerca de la muerte, no tiene necesidad de contarlas. Lo que sí me gustaría es que no me juzgarais con demasiada severidad. Porque lo que quiero que tengáis claro es que lo hice por las niñas. Me alivia creer que lo hice porque era lo correcto. Y, aunque no haya conseguido nada, me gusta pensar que Cristina y Raquel están en un lugar mejor ahora.

Podría deciros que no sabía que todo esto iba a acabar mal. Pero, como ya he dicho, no quiero mentir. Lo supe bastante pronto. Si cierro los ojos y me concentro, puedo llegar al momento exacto en que algo dentro de mí se activó. Una alarma primitiva, sí, pero quizás por ello muy eficiente. Fue el momento en que subí las escaleras de la casa de la calle Romeral por primera vez.

Fue en el instante en que mis botas, llenas de barro, empezaron a manchar el suelo. Si en ese momento hubiera hecho caso a mis instintos y hubiera echado a correr, nada de esto habría pasado. Ahora podría seguir teniendo una vida normal. Y un futuro por delante. Pero todo lo que sé ahora lo ignoraba en aquel momento.

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Las posibilidades de lo oscuro (o por qué Kylo Ren puede ser el mejor villano de Star Wars)

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Por favor, no os rasguéis las vestiduras. Enfundad vuestros sables láser. Cancelad los cazarrecompensas que hayáis contratado para acabar con mi vida. Lo admito: puede que haya exagerado un poco con el titular. Pero, ojo, “puede” no quiere decir que lo haya hecho. Yo lo tengo bastante claro. ¿Es Kylo Ren el mejor villano de la historia de Star Wars? No. ¿Puede llegar a serlo? Sin ninguna duda.

Sé que esto es terreno pantanoso. El hijo de Leia y Han fue uno de los puntos que más quejas levantó cuando, hace ya año y medio, se estrenó El despertar de la Fuerza. ¿A qué viene tanto odio a uno de los mejores personajes de la saga? Tengo un par de teorías, pero quizás sea mejor dejarlas para otro artículo. En este nos centraremos en por qué opino que es un personaje como nunca se ha visto antes en la saga galáctica. Ni, estirando un poco la cuerda, en el cine mainstream reciente.

Cuando pienso, o escribo, “el mejor villano de la saga”, hay dos variables que me vienen a la cabeza. La primera es cuán molón es un personaje. Hablamos del argot más infantil, más de fan (ups, vaya asociación he hecho aquí). Con ello me refiero a lo típico que se discute con los colegas mientras juegas al juego de cartas de Star Wars:

–Pues X mola mucho más que Y.

–¿Qué dices, loco?

La segunda, mucho más importante, se refiere a cuán importante e innovador es un personaje desde el punto de vista narrativo.

Darth Vader

Pero antes de eso, hay que hablar de Vader. Nuestro Darth Vader.

Vader es el listón con el que se mide cualquier villano de Star Wars. Qué digo, con el que se mide cualquier villano en general. Es un personaje que casi ha llegado a ser sinónimo de la saga creada por George Lucas, y para hacer eso hace falta ser un personaje excepcional. Cualquier cosa que escriba sobre él estará mucho más que escrita y pensada.

Darth Vader es lo más. Hasta ahí todos estamos de acuerdo. Pero… ¿lo ha sido siempre? Eso ya no está tan claro. Hablaremos de Vader en los dos tipos de clasificación de los que hemos hablado al principio, y veremos si siempre ha sido esa máquina de producir nerdgasmos que hemos visto en acción por última vez en Rogue One.

Rasgo 1 – Molonidad

Aquí hablamos del punto de vista del fan. “¿Qué malo mola más?” Es una pregunta muy habitual cuando te reúnes con tus amigos frikis y discutís durante horas sobre un tema tan importante. La respuesta final suele ser la misma. Vader. Siempre Vader. Sólo Darth Maul le pone en aprietos en alguna ocasión.

Pero, ¿es justo comparar un personaje con siete películas y cuarenta años de historia con la única aparición de su nieto? No, pero es lo único que tenemos. Y sé que Kylo Ren lo tiene muy difícil en esta faceta. Así que, con todo el dolor de mi corazón, lo único que puedo hacer para ensalzar a Ben Solo es intentar rebajar la idea que tenemos de Anakin Skywalker.

¿Cómo fue el debut de Vader? Yo no la viví en su día. Cuando yo nací ya habían pasado seis años de su primera aparición, así que no fue hasta principios de los noventa que pude saber quién era Darth Vader. Lo que siempre he vivido ha sido el aura de misticismo que ha rodeado desde entonces al lord oscuro de los Sith.

Pero hay que intentar ver las películas originales como si no supiéramos nada de ellas. ¿Qué nos encontramos entonces cuando vemos La guerra de las galaxias? Un señor (que impone mucho, las cosas como son) que obedece a un viejo (Tarkin) y que no puede con otro viejo ermitaño (Kenobi). Ojo, nadie le tiene más cariño que yo al viejo Obi-Wan, y las palabras que escribo también me afectan, pero es lo que hay. Ya sé que Kylo Ren no puede con una chatarrera que no ha sido entrenada, pero no se puede comparar un chaval que acaba de matar a su padre, que está herido por una ballesta que lanza a los soldados a dos metros y cuyo entrenamiento no ha sido finalizado, con el Lord Oscuro de los Sith.

Pero si hay algo que lo cambia todo es John Williams y su marcha imperial. Un tema más allá de todo, y que es imposible no asociar a Darth Vader. Si a la mano derecha del Emperador necesitaba algo para pasar a la leyenda, Williams se lo sirvió en bandeja.

Pero.

Lo que pasa es que la marcha imperial no se escuchó hasta la segunda parte, El Imperio contraataca, en 1980. Así que en La guerra de las galaxias nunca tiene ese acompañamiento mágico que ahora parece imposible separar de él.

Así que si sumamos que no tenía su música y que no está ni al 50% (de hecho, nunca se le ha visto en una peli al 100% hasta su séptima aparición, Rogue One), podemos afirmar que Vader no era tan molón cuando apareció por primera vez en 1977. ¿Verdad?

Rasgo 2 – Lo realmente importante

A pesar de todo lo anterior, tampoco me parece muy interesante discutir quién mola más. Ojo, amo las listas como el que más, y podría pasarme una tarde discutiendo los cinco mejores planetas de la saga. Pero aquí quiero debatir otras cosas.

A lo que venía aquí es a hablar de las posibilidades narrativas de Kylo Ren como personaje. Si las comparamos de nuevo con las del Vader del Episodio IV, las del hijo de Han y Leia son totalmente superiores. El momento “yo soy tu padre” hace despegar a Vader en este sentido casi hasta el infinito, pero, de nuevo, eso sucede en El Imperio contraataca.

Kylo Ren es un villano en formación. Y eso es oro puro. El corazón de la nueva trilogía es ver a Rey convirtiéndose en quién está destinada a ser. No es sólo el archiutilizado viaje del héroe, sino que es ver de nuevo a un supuesto Skywalker alcanzar las estrellas. Por suerte, también tenemos la otra cara de la moneda. Algo muy pocas veces visto. Podemos ser testigos de cómo Ben Solo se convierte en quién él quiere ser, no en quien está destinado a ser.  ¿Cuántas veces se ha visto a un personaje tentado por el mal, el lado oscuro, y luchando contra sus demonios para seguir siendo bueno? Incontables. ¿Cuántas veces hemos visto a alguien malo tentado por la luz, por el lado luminoso, pero deseoso de convertirse en un villano? Muy pocas.

Adam Driver, del que he llegado a escuchar auténticas barbaridades (cuando es el mejor actor que ha aparecido en cualquier película de Star Wars), da una lección de interpretación en las dos únicas escenas que no lleva el casco. Le da a Kylo Ren una pátina de duda y miedo espectacular: miedo por no llegar a ser quién quiere ser, miedo de fallar a su maestro, y de haber fallado a sus padres, miedo por fracasar. Su sable láser, descarnado, incompleto, salvaje, es la metáfora perfecta del personaje que es Kylo Ren.

A Anakin le vimos redimirse, y todos le perdonamos. ¿Cómo no íbamos a hacerlo con esa cara que tenía de anciano bonachón? Treinta años después vimos que lo primero que hizo al ser Vader fue matar a niños. En este caso, el orden nos ayudó a superarlo. ¿Y si hubiese sido al revés? ¿Le hubiésemos perdonado? Esa es otra de las grandísimas aportaciones de Kylo Ren a la villanía. Lo primero que hemos visto es matar a su padre, uno de los personajes más amado por todos. En principio, eso debería ser motivo más que suficiente para pasar al lado oscuro para siempre. Nada de perdón. Nada de redenciones. Pero es que aunque la buscara, ¿se la daríamos como se la dimos a Vader, que hizo muchas cosas peores?

Son muchas las preguntas que, si tratan bien al personaje, puede convertir a Kylo Ren en el mejor villano que ha tenido jamás Star Wars.

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Mis primeros Ignotus (2)

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Ayer fue el último día para enviar las papeletas con las candidaturas para los premios Ignotus 2017. Como ya dije en el anterior post, este es mi primer año como votante, y me gustaría compartir con vosotros todo el proceso. En parte para ver si alguien se anima a asociarse a la AEFCFT y participar también el año que viene, pero, sobre todo, porque a mí me gustaría saber qué ha votado la gente. Y si yo quiero saberlo, imagino que entre los demás habrá alguien que también tenga curiosidad.

Antes de ver las candidaturas, quiero hacer una aclaración. No esperéis encontrar un votante que ha leído casi todo lo “nominable” (y los hay, os lo garantizo). Ya hace tiempo que decidí no dejarme avasallar por la vorágine de novedades mensuales –excepto cuatro casos contados– y dedicar mi tiempo de lectura a todos los clásicos (sobre todo de ciencia-ficción, pero también de cualquier género) que aún tengo pendientes.

Eso cambia con los relatos. En ese caso sí que me gusta leer lo que va saliendo. El problema no es el tiempo, sino el dinero. Puedo permitirme los 3 euros que vale la SuperSonic, pero no mucho más allá. Por todo eso veréis que la papeleta está medio vacía. Pero bueno, así será la papeleta media del votante al Ignotus. O eso creo.

Si queréis saber las características de cada categoría, en el reglamento oficial las tenéis especificadas.

Esta es mi papeleta:

MEJOR NOVELA

Categoría desierta. Como ya he explicado en la entradilla, el dinero escasea y el tiempo lo dedico a rellenar lagunas culturales.

MEJOR NOVELA CORTA

Categoría desierta. Lo mismo de antes.

MEJOR CUENTO

En mejor cuento sí que he podido rellenar la papeleta. Además de los cuentos aparecidos en el sitio de ciencia-ficción, también he podido agenciarme los números 4 y 5 de la revista SuperSonic (los que han aparecido en 2016). A pesar de tener también los dos números que salieron el año pasado de Planetas Prohibidos, no he tenido tiempo de leerlos, por lo que no puedo calificarlos.

De todos ellos, mi relato favorito de 2016 es Polvo, de Víctor Selles. Un descripción brutal de la generación que no sé si es millenial o lo siguiente, escrito con un estilo directo y crudo que le va de perlas.

He escogido el resto de relatos como podía haber escogido otros cuatro. Tenía una decena de relatos en la categoría de notables, y he escogido esos cuatro por motivos casi azarosos: uno por estar escrito por Pilar Pedraza (a quien tuve de profesora en la Universidad), otro por ser el mejor en el experimento “Exilium”…

Los candidatos que he propuesto son:

  • Polvo, de Víctor Selles
  • La mujer reciclada, de Pilar Pedraza
  • Noverim Te, de Santiago Eximeno
  • Primera sangre, de Israel Alonso
  • Desahucio en Marte, de Eduardo Vaquerizo

MEJOR ANTOLOGÍA

La única que he leído de 2016: Cuentos para Algernon IV.

MEJOR LIBRO DE ENSAYO

El único que he leído (que trate acerca de los temas que tratan los Ignotus): Pantalla espectral. Las 50 películas básicas de fantasmas, de Fausto Fernández (a quien es imprescindible seguir en Twitter).

MEJOR ARTÍCULO

Que recuerde, solo he leído los aparecidos en los dos números de SuperSonic que entran en concurso. De ellos, los tres que me parecen merecedores de un Ignotus son:

  • Escritoras españolas de ciencia-ficción, de Lola Robles
  • Editoriales independientes en España: ¿el futuro del género?, de Cristina Jurado
  • ¿De qué nos llenamos la boca cuando hablamos de “bizarro”?, de Hugo Camacho

MEJOR ILUSTRACIÓN

En esta categoría, aunque las reglas permiten nominar a quien sea, prefiero nominar sólo a autores españoles para ceñirme un poco al espíritu de los premios.

  • Portada de ¡Universo! nº5, de Albert Monteys
  • Portada de Herederos de Cthulhu, de Pablo Uría
  • Portada de Futuros perdidos, de Enrique Jiménez Corominas
  • Portada de La sombra sobre Mechanisburgo, de Ángel García Alcaraz
  • Portada de Archetypal Magazine, de Sergio Bleda

MEJOR PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL

Si te dejas guiar por las recomendaciones de otras webs, aquí hay muchas posibles candidatas. Sin embargo, las reglas dictan claramente que tienen que haber “aparecido por primera vez en su forma actual en cine, teatro, radio o televisión”. En mi opinión, eso descarta producciones como canales de YouTube, podcasts o emisión en directo de convenciones.

Así que, ciñéndome a las reglas, propongo como candidatas a las dos únicas que he visto (y que me encantan):

  • Un monstruo viene a verme, de J.A. Bayona
  • El ministerio del tiempo, de los hermanos Olivares

MEJOR TEBEO

De nuevo, las reglas permiten nominar a cualquier tebeo de cualquier autor, sin importar nacionalidad. Sin embargo, yo prefiero ceñirme a los autores españoles, y el único cómic que sigo que cumpla los dos requisitos (que sea de un autor español y que sea de los géneros que trata la Asociación) es el genial ¡Universo!

A él va mi voto.

MEJOR OBRA POÉTICA

Categoría desierta.

MEJOR REVISTA

Las tres únicas revistas que sigo entran con todo merecimiento en esta categoría.

  • SuperSonic
  • ScifiWorld
  • Planetas prohibidos

MEJOR NOVELA EXTRANJERA

Categoría desierta. Y eso que he leído Luna. Luna Nueva, de Ian McDonald, una de las “grandes” novelas de 2016. Sin embargo, no sé si fue por el hype o porque estaba escrita en presente (algo que detesto en casi todas las novelas), pero no me gustó nada.

MEJOR CUENTO EXTRANJERO

Gracias a Cuentos para Algernon, muchos de los mejores relatos de autores extranjeros pueden leerse gratuitamente en España. ¿El problema? Que pueden ser de cualquier año. Los hay hasta de 1982. Las reglas del concurso no impiden que se nominen (lo que cuenta es el año de la traducción), pero me parece un poco raro eso de nominar un relato del siglo pasado en los Ignotus 2017.

Sin embargo, las reglas son las reglas. Y como se permiten nominarlas, ahí van mis cinco favoritas. Cinco joyas maravillosas (incluso el relato de McDonald, al que tanto odié en Luna. Luna Nueva).

  • Acerca de las costumbres de elaboración de libros en determinadas especies, de Ken Liu
  • El aria de la reina de la noche, de Ian McDonald
  • Hola de nuevo, de Seth Fried
  • Siete maravillas de un mundo pasado y futuro, de Caroline M. Yoachim
  • El círculo cuadrado, de Rhys Hughes

MEJOR PÁGINA WEB

Aquí habría muchas candidatas, pero pongo las que más utilizo. Según las reglas, una web y una revista no pueden salir nominadas a la vez, pero voto a Planetas Prohibidos en las dos categorías para ayudarla a salir nominada en una si falla en otra.

  • Cuentos para Algernon
  • Fantífica
  • Tercera Fundación
  • Sense of Wonder
  • Planetas prohibidos

 

Y esas son las candidaturas que envié por correo electrónico. El siguiente paso son las nominaciones finales, que se harán públicas en junio. Cuando llegue el momento, seguiremos hablando de mis primeros Ignotus.

 

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Prink, Trank y el Anulador

Llegó el día en que Prink se cansó de los inventos de su hermano. Ese día no llegó con el Medidor de Olas (o Molas, como le llamaba Trank) ni con el Cortador de Cañas (Cocañas era el nombre en clave). El día que Prink se cansó de su hermano Trank fue cuando este fabricó un Contador de Estrellas (Cones). Era un robot que contaba estrellas, pero solo a una por hora. Además, cada 10 horas perdía la memoria y volvía a empezar

Ahí fue cuando Prink decidió que había tenido demasiado. Y, como la única manera que tenía de expresar su molestia era fabricando algo, creó el Anulador de Alcance (o Anal, para abreviar).

Cada vez que Trank empezaba un robot, el Anulador se ponía delante de él para impedir que llegara a los tornillos. Cuando conseguía esquivarlo, el Anal le hacía mirar para otro lado y destrozaba su robot inmediatamente. Cualquier artimaña que Trank pensara para deshacerse del Anal era contrarrestrada inmediatamente.

–Por favor, Prink –le suplicó desesperado–. Te prometo que no haré más robots inútiles.

–Venga, va –contestó Prink rápidamente–. Vamos a desmontar esa cosa.

Pero el Anulador había aprendido. Y había entendido. Les quitó las herramientas y les cerró el acceso a todas sus cosas. Prink y Trank se quedaron en la calle, sin nada que hacer.

Acababa de empezar la Guerra contra el Anulador.

Las aventuras de Prink y Trank continuarán…

(más aventuras aquí)

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